Pero también sabía que acababa de entrar en un mundo del cual sería muy difícil salir. Los primeros meses de Rodrigo trabajando para Pablo Escobar fueron una revelación completa sobre cómo funcionaba realmente el imperio del narcotraficante más famoso del mundo. fue asignado a un equipo de seguridad que vigilaba una de las propiedades urbanas de Pablo en Medellín, un edificio de apartamentos en el exclusivo barrio El poblado.
Su jefe inmediato era un hombre llamado Gustavo, veterano de la organización con más de 10 años de servicio. Gustavo era un tipo serio, de pocas palabras, pero justo en su trato con los subordinados. El primer día, Gustavo le explicó las reglas básicas. Aquí hay tres principios fundamentales: lealtad, discreción y eficiencia. Si cumples con esos tres, tendrás una vida tranquila y bien remunerada.
Si fallas en cualquiera de ellos, las consecuencias son definitivas. No hay términos medios. Rodrigo tomó aquellas palabras muy en serio. Había dejado de beber completamente, tal como Pablo le había ordenado. Cada mañana se levantaba temprano, desayunaba con su madre, quien estaba feliz de verlo más responsable y con un trabajo estable, aunque no sabía exactamente para quién trabajaba su hijo.
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