MATÓN DERRAMÓ CERVEZA SOBRE LA CABEZA DE ESCOBAR SIN SABER QUIÉN ERA. HASTA HOY SE ARREPIENTE…

Era una dualidad que Rodrigo encontraba fascinante y perturbadora al mismo tiempo. En otra ocasión, Rodrigo presenció como Pablo manejaba un conflicto entre dos de sus empleados que habían tenido un desacuerdo. En lugar de resolver el problema con violencia, Pablo los sentó a ambos, escuchó sus versiones y me dio una solución justa que satisfizo a ambas partes.

La violencia es el último recurso, no el primero. Le dijo Pablo a los empleados. Somos una organización, no una pandilla callejera. Rodrigo también aprendió sobre las actividades legítimas de Pablo. El narcotraficante había invertido millones en negocios legales, bienes raíces, equipos de fútbol, construcción de viviendas para los pobres.

El famoso barrio Pablo Escobar en Medellín, donde había construido cientos de casas para familias sin hogar, era un ejemplo de cómo Pablo cultivaba su imagen de benefactor social. Para muchos colombianos pobres, Pablo no era un criminal, sino un héroe que les había dado lo que el gobierno nunca les dio. Un techo digno. Sin embargo, Rodrigo no era ingenuo. Sabía perfectamente que detrás de aquella fachada de filantropía existía un negocio brutal que había causado miles de muertes.

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