MATÓN DERRAMÓ CERVEZA SOBRE LA CABEZA DE ESCOBAR SIN SABER QUIÉN ERA. HASTA HOY SE ARREPIENTE…

Después de 6 meses fue promovido a supervisor de turno, lo que significaba un aumento salarial y más responsabilidades. Su madre estaba orgullosa, aunque seguía sin conocer los detalles completos de su empleo. Para ella, su hijo finalmente había madurado y encontrado su camino. Pero Rodrigo vivía con una contradicción constante. Por un lado, estaba agradecido con Pablo por haberle dado una segunda oportunidad cuando merecía la muerte.

Por otro lado, sabía que estaba trabajando para una organización criminal que su salario provenía indirectamente del sufrimiento de miles de adictos en Estados Unidos y Europa. Intentaba justificarlo diciéndose que él solo hacía seguridad, que no participaba directamente en el narcotráfico, pero en el fondo sabía que era parte del engranaje de aquella máquina.

Una noche, mientras hacía su ronda, Rodrigo se detuvo frente a un espejo en el lobby del edificio. Observó su reflejo. Ya no era el matón borracho y arrogante que había sido. Vestía uniforme limpio. Estaba sobrio. Tenía un propósito. Pero, ¿a qué precio? Había simplemente cambiado una forma de vida criminal por otra.

Estas preguntas lo atormentaban en las noches de insomnio, pero durante el día las enterraba profundamente y continuaba con su trabajo porque sabía que no había vuelta atrás. Era un sábado soleado de julio cuando Pablo Escobar decidió visitar el barrio popular, precisamente donde Rodrigo había crecido. La noticia se extendió como pólvora.

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