Sí, patrón. Crecí aquí. Pablo asintió. Es un buen barrio, gente trabajadora y honesta. Por eso me gusta ayudar aquí. Dime, ¿tu madre sigue viviendo en el sector? Sí, señor, a tres cuadras de aquí. Entonces, después de que terminemos aquí, iremos a visitarla. Quiero conocer a la mujer que crió a un hombre que tuvo el coraje de presentarse en mi hacienda, sabiendo que podría morir. Rodrigo sintió una mezcla de orgullo y nerviosismo.
Una hora después, Pablo, acompañado de Rodrigo y dos guardaespaldas, tocó la puerta del humilde apartamento de Lucía Mendoza. La mujer casi se desmaya cuando vio quién estaba en su puerta. Pablo entró con naturalidad, elogió la limpieza y el orden del hogar. Aceptó un tinto que Lucía preparó con manos temblorosas. Conversaron durante 20 minutos sobre temas cotidianos, el costo de vida, la salud de ella, los recuerdos del barrio.
Antes de irse, Pablo dejó discretamente un sobre con dinero en la mesa de la cocina. Para que se compre algo bonito, señora Lucía. Y gracias por el café, estaba delicioso. Cuando Pablo se fue, Lucía abrió el sobre y encontró 2 millones de pesos, más dinero del que había visto junto en toda su vida. abrazó a su hijo llorando, sin saber si aquellas lágrimas eran de felicidad o de miedo por el mundo en el que Rodrigo se había involucrado.
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