MATÓN DERRAMÓ CERVEZA SOBRE LA CABEZA DE ESCOBAR SIN SABER QUIÉN ERA. HASTA HOY SE ARREPIENTE…

Esa noche, Rodrigo reflexionó sobre lo que había presenciado. Pablo Escobar era un enigma viviente, capaz de ordenar asesinatos brutales y al mismo tiempo de hacer llorar de felicidad a una anciana pobre. era amado y temido en igual medida. Y Rodrigo, quien había comenzado como víctima de su propia estupidez, ahora era parte de aquel universo complejo y contradictorio.

Los meses pasaban y la guerra entre el cartel de Medellín, liderado por Pablo Escobar, y el cartel de Cali, encabezado por los hermanos Rodríguez Orejuela y José Santa Cruz Londoño, se intensificaba, lo que había comenzado como una rivalidad comercial, se había convertido en un conflicto sangriento que cobraba vidas semanalmente. Rodrigo, desde su posición en la organización comenzaba a sentir las repercusiones de aquella guerra.

Las medidas de seguridad se habían triplicado. Ahora había retenes constantes, cambios frecuentes de ubicación, comunicaciones codificadas. El ambiente de tensión era palpable. Gustavo le explicó la situación durante una reunión de seguridad. Los del cartel de Cali están intentando eliminar a nuestros operadores clave. Ya han matado a varios de nuestros socios en Bogotá y la costa.

Están usando tácticas diferentes a las nuestras. Sobornan policías, infiltran informantes, usan sicarios profesionales. Son más discretos, pero igual de letales. Todos debemos estar en máxima alerta. Una noche, mientras Rodrigo hacía guardia en el edificio del poblado, recibió una llamada urgente de Gustavo. Código rojo. Posible amenaza inminente en tu ubicación.

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