Los cristales del lobby estallaron en mil pedazos. Rodrigo y sus compañeros respondieron al fuego desde posiciones protegidas detrás de columnas y muebles. Era la primera vez que Rodrigo participaba en un tiroteo real. El entrenamiento que había recibido se activó automáticamente. Respiraba controladamente, apuntaba con precisión, disparaba con moderación para conservar munición.
Los atacantes, sorprendidos por la respuesta armada, buscaron refugio detrás de su vehículo. El intercambio de disparos continuó durante lo que parecieron horas, pero en realidad fueron apenas 2 minutos. Entonces llegaron los refuerzos, tres vehículos con hombres fuertemente armados de la organización de Pablo.
Los atacantes, superados en número y potencia de fuego, intentaron huir, pero fueron alcanzados. Uno murió en el lugar, el otro fue capturado, herido. Cuando el silencio finalmente regresó, Rodrigo revisó su cuerpo buscando heridas. Milagrosamente, ni él ni sus compañeros habían sido alcanzados, aunque el edificio había sufrido daños considerables.
Gustavo llegó minutos después, evaluó la situación y felicitó a Rodrigo. Buen trabajo, muchacho. Mantuviste la calma y protegiste la posición. El patrón se enterará de esto. El atacante capturado fue interrogado esa misma noche bajo presión. confesó que era un sicario contratado por el cartel de Cali. Su misión era atacar propiedades de Pablo Escobar en Medellín como represalia por operaciones similares que el cartel de Medellín había realizado en Cali.
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