MATÓN DERRAMÓ CERVEZA SOBRE LA CABEZA DE ESCOBAR SIN SABER QUIÉN ERA. HASTA HOY SE ARREPIENTE…

Sus actos de bondad son monumentales, pero también lo son sus actos de violencia. Rodrigo asintió. ¿Alguna vez te arrepientes de trabajar para él? Gustavo reflexionó antes de responder. Arrepentirse es un lujo que no podemos permitirnos. Estamos aquí para bien o para mal. Lo único que podemos hacer es nuestro trabajo lo mejor posible y tratar de mantener nuestra humanidad intacta.

No es fácil, pero es lo que hay. La fiesta continuó hasta el anochecer. Cuando los invitados comenzaron a retirarse, Pablo personalmente se despidió de cada familia, asegurándose de que todos llevaran bolsas con comida y pequeños regalos. Los niños pobres recibieron además sobres con dinero para sus padres.

Era la forma de Pablo de asegurarse de que su generosidad se extendiera más allá del evento. Esa noche, mientras Rodrigo regresaba a Medellín en uno de los vehículos de la organización, pensaba en Manuela y en todos los niños que habían disfrutado de aquella fiesta mágica. Se preguntaba qué futuro les esperaba. creciendo en un mundo donde la línea entre el bien y el mal era tan difusa, donde el amor y la violencia convivían en el mismo espacio.

No tenía respuestas, solo más preguntas que lo mantendrían despierto otra noche más. Era una tarde lluviosa de octubre cuando un político importante de Bogotá llegó discretamente a una de las propiedades de Pablo Escobar en Medellín. Rodrigo estaba de guardia ese día y fue testigo de un encuentro que le revelaría aún más sobre cómo funcionaba realmente el poder en Colombia.

El político, cuyo nombre Rodrigo nunca supo con certeza, pero que reconoció de haberlo visto en televisión, llegó en un vehículo sin placas oficiales, vestido con ropa casual para no llamar la atención. Era un hombre de unos 50 años con cabello canoso y expresión nerviosa. Claramente no estaba cómodo con aquella reunión clandestina.

Pablo lo recibió en una sala privada. Rodrigo y otros guardias fueron instruidos de mantener el perímetro, pero no acercarse demasiado. Sin embargo, las voces ocasionalmente se elevaban lo suficiente como para escuchar fragmentos de la conversación. Don Pablo, usted sabe que yo siempre he sido su amigo”, decía el político con tono suplicante. He votado a favor de sus intereses en el Congreso.

He bloqueado iniciativas de extradición. He hecho todo lo que me pidió. La respuesta de Pablo era calmada, pero firme. Y yo he financiado sus campañas. He movilizado votos en su favor. He he he he he he hecho que gane elecciones que de otro modo habría perdido, pero ahora necesito que haga algo más.

La presión de los estadounidenses está aumentando. Necesito que presente un proyecto de ley que reforme completamente el tratado de extradición. Necesito garantías de que nunca seré enviado a una prisión norteamericana. El político respondía con voz temblorosa. Eso es muy difícil, don Pablo. El gobierno de Estados Unidos está presionando fuertemente.

El presidente está bajo escrutinio internacional. Si presento ese proyecto, mi carrera política terminará. Hubo un silencio tenso. Luego Pablo habló y aunque su tono seguía siendo calmado, había un matizenazante. Su carrera política existe porque yo lo permito. Tengo documentos, fotografías, grabaciones de todas nuestras transacciones.

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