Cuando entró a la oficina, encontró a Pablo sentado detrás de su escritorio fumando pensativamente. “Siéntate”, ordenó Pablo sin mirarlo. Rodrigo obedeció, preparándose para lo peor. Pablo finalmente levantó la vista. “Gustavo, me contó lo que pasó. ¿Te negaste a ejecutar a los traidores?” Sí, patrón, lo siento, pero no pude hacerlo. Sé que probablemente eso significa mi fin, pero no podía cruzar esa línea.
Pablo lo observó durante largo rato. Luego, para sorpresa de Rodrigo, asintió lentamente. ¿Sabes qué es lo irónico? Que respeto tu decisión. Hay muchos hombres que matarían sin pensarlo dos veces, sin sentir nada. Esos hombres son útiles, pero también son peligrosos porque no tienen límites internos. Tú tienes una línea moral que no estás dispuesto a cruzar, incluso sabiendo las consecuencias. Eso habla de carácter. Rodrigo no podía creer lo que estaba escuchando.
Entonces, ¿no va a matarme? Pablo negó con la cabeza. No, pero tampoco puedes continuar en tu posición actual. No puedo tener en mi equipo de seguridad a alguien que no está dispuesto a hacer lo necesario cuando la situación lo requiere. Sin embargo, tengo otro trabajo para ti. Vas a supervisar las operaciones de construcción de las viviendas que estoy edificando para familias pobres.
Es trabajo legítimo, bien pagado y no requiere que comprometas tus principios morales. ¿Aceptas? Era una salida que Rodrigo nunca esperó. Sí, patrón, acepto. Y gracias por entender. Pablo se puso de pie y caminó hacia la ventana. Rodrigo, yo he hecho cosas terribles en mi vida. He ordenado muertes. He causado sufrimiento.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
