Etapa 1: El regreso de los casamenteros y la alegría que aún no había nacido
La mañana transcurría con una lentitud dolorosa. Víctor salía al porche y volvía a entrar, atento al crujido de la verja o a la voz familiar del tío Stepan. Su madre se afanaba junto a la estufa, su padre fingía leer el periódico, pero le temblaban los dedos: él también estaba nervioso, aunque lo disimulaba con una expresión severa.
Cuando finalmente se oyeron pasos y risas fuertes afuera, Víctor prácticamente salió corriendo al patio.
"¡¿Y bien?!", exclamó, sin esperar a que los invitados cruzaran el umbral.
El tío Stepan, ruborizado y complacido, le dio una palmada en el hombro:
"¡Ya está, hijo, dalo por hecho! ¡Están de acuerdo!"
El presidente Trofim Ignatyevich asintió solemnemente:
"Los padres son personas razonables. Van a entregar a la niña. La boda está concertada".
El corazón de Víctor dio un vuelco.
"¿La pareja de Lena?", preguntó con la voz temblorosa de felicidad.
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