El silencio invadió la habitación.
Finalmente, Emma habló: «Que formes parte de la vida de Liam es su decisión, no la mía».
Las lágrimas de su madre brotaron primero. «Por favor... hemos vivido con la culpa todos los días».
«Tú viviste con la culpa», dijo Emma en voz baja. «Yo viví con las consecuencias».
Liam respiró hondo, más tranquilo. «Podemos intentarlo. Pero sin mentiras. Sin fingir».
No fue perdón, solo el primer paso frágil en terreno fracturado.
Cuando sus padres se fueron, Daniel susurró: «Estuvieron increíbles hoy».
Emma miró a su alrededor, el hogar que había construido sin ellos. «Hice lo que tenía que hacer».
«Nunca te derrumbaste», murmuró.
Y se dio cuenta, quizás por primera vez, de que él tenía razón. Parte 2
En los días posteriores al enfrentamiento, Emma se encontró repasando cada detalle. Las manos temblorosas de sus padres. La fuerza serena de Liam. La presencia firme de Daniel.
Una semana después, sus padres enviaron un mensaje simple, vacilante:
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