La gente suele pensar que la amabilidad tiene que ser ruidosa o heroica para que importe. Margaret me demostró lo contrario. La verdadera amabilidad es silenciosa. No llama la atención. No pide nada a cambio. Y, a veces, su impacto no se siente hasta mucho después.
Todavía llevo ese viejo billete en la cartera, no por lo que me trajo a la vida económicamente, sino por lo que representa. Cada persona que nos cruzamos lleva una historia que no podemos ver. Cada momento ofrece la oportunidad de salir de nosotros mismos.
Si esta historia te resonó, pregúntate: ¿cuándo fue la última vez que realmente notaste a alguien solo? ¿Habrías hecho lo que yo hice o habrías seguido caminando?
Comparte tu opinión en los comentarios. Tu perspectiva podría recordarle a alguien que debe mirar dos veces, justo cuando más importa.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
