Mi Esposo Gritó: “¡Lárgate!”. Su Madre Se Rio. A La Mañana Siguiente, No Daban Crédito A Sus Ojos…

Dos mujeres con batas de trabajo desayunaban antes de su turno, charlando animadamente. Al ver a Elena, se callaron y la observaron con curiosidad. Buenos días, dijo Elena insegura. Bueno, si no llueve, respondió una mujer mayor de pelo corto y rasgos marcados. ¿Vienes para mucho tiempo? No lo sé todavía, según cómo vayan las cosas. Elena no estaba preparada para contar su historia a desconocidos. No seas tímida, aquí somos todas de la casa. Me llamo Marta y esta es Luisa, dijo señalando a una mujer joven y rellenita con el pelo teñido de un rojo intenso.

Trabajamos en la sección de envasado. ¿Y a ti dónde te han puesto? en el comedor, creo. Don Manuel dijo que necesitaban ayuda. Ah, con la señora Rosa. Entonces las mujeres intercambiaron una mirada. Es estricta, pero justa. Si trabajas bien, no te buscará las cosquillas, dijo Marta terminando su café. ¿Por qué estás tan pálida? ¿Ha pasado algo? Elena no pudo soportar aquel tono comprensivo y para su sorpresa soltó. Mi marido me ha echado ayer con la niña. Me dijo que era una mala esposa y se interrumpió incapaz de continuar.

Ay, Dios mío exclamó Luisa juntando las manos. Vaya sinvergüenza echarte a la calle con una cría. El mío también bebía como un cosaco, pero a tanto no llegó. No, él no bebía, respondió Elena en voz baja. Era muy trabajador. No probaba el alcohol. Fue su madre la que lo envenenó. Ah, la suegra es víbora, dijo Marta comprensiva. Eso es más viejo que el mundo, hija. Las suegras no quieren a las nueras y los hijos son unos calzonazos.

Pero bueno, no te preocupes. Saldremos de esta. No estamos en el monte, hay gente alrededor. Ahora lo importante es que te pongas en pie, que le des de comer a tu hija y luego ya se verá. Elena sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas ante aquel apoyo inesperado. Marta se dio cuenta y la abrazó por los hombros con un gesto maternal. Venga, no te vengas abajo. ¿Cuántos años tienes? 32. Pero si eres una cría, tienes toda la vida por delante.

¿Y tu hija? Seis. Se llama Lucía. Pues estupendo. Pronto irá al colegio. ¿Sabes qué? Ahora ve a ver a don Manuel, arregla los papeles y luego pásate por el comedor. Justo están terminando de servir el desayuno a los trabajadores. Ayudas a fregar los platos y a lo mejor os dan de comer a ti y a la niña. Aquel consejo simple y práctico era justo lo que Elena necesitaba. Asintió agradecida y volvió corriendo a la habitación para despertar a Lucía.

La niña ya no dormía. Estaba sentada en la cama observando con curiosidad su nuevo hogar. “Mamá, aquí no hay bañera. ¿Dónde me lavo?”, preguntó al verla. El baño está en el pasillo, cariño. Vamos, te lo enseño y luego iremos a desayunar. En la fábrica hay un comedor donde dan comida muy rica. Lucía examinó la habitación con ojo crítico. ¿Funciona la tele? ¿Ponen dibujos? No lo sé, mi vida. Habrá que probar. Pero primero tenemos que lavarnos y comer y luego iré a buscar trabajo.

¿Y yo, ¿dónde me quedo?, se alarmó la niña. Esa pregunta pilló a Elena por sorpresa. Ni siquiera había pensado en la guardería. No podía permitirse una privada y para conseguir plaza en una pública necesitaba tiempo y papeles. Dejar a la niña sola en una residencia desconocida le daba pánico. “Hoy te quedarás conmigo y luego ya pensaremos en algo”, dijo insegura. En el despacho de don Manuel olía a tabaco y a papeles. El encargado escuchó atentamente a Elena, revisó su DNI y le dio un pase para el comedor.

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