"Oye, ¿sigues despierta?", dijo, inclinándose para besarme.
"Hueles a perfume de alguien", dije con calma, apartando la mirada. "Es fuerte".
Dudó un momento y luego se rió. "Cena de clientes, cariño. Esos tipos se ahogan en colonia".
"Ajá." Le sostuve la mirada. "¿Y Bianca? ¿También es clienta?" Su sonrisa se desvaneció. Se le borró el color del rostro. "¿De qué estás hablando?"
"Nada importante", dije. "Solo pensaba en voz alta. Debe ser agotador, entretener a la misma mujer varias veces al mes".
Tragó saliva con dificultad. "Lauren, escucha, puedo explicarte..."
"No hace falta", la interrumpí con suavidad. "Vi las transferencias. Las fotos de Maui. El collar. La escritura".
La habitación pareció inclinarse. Sus hombros se tensaron, luego su expresión...
El miedo pasó a la ira.
"¿Estabas husmeando en mi oficina?", preguntó. "¿En mi caja fuerte?".
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