No me fui de inmediato. La gente esperaba drama: lágrimas, gritos, espectáculo. En cambio, me quedé en silencio, collar en mano, sintiendo algo inesperado: alivio.
Cuando la sala se llenó de conversaciones en voz baja, Daniel se me acercó. “Emily, por favor”, dijo con urgencia. “Hablemos en casa”.
SOLO PARA FINES ILUSTRATIVOS
Lo miré a los ojos con calma. “Ya no hay casa donde hablar”. Me tomó del brazo y se detuvo al notar que Richard lo observaba. El equilibrio había cambiado, y él lo notó.
Vanessa ya se había ido. Más tarde supe que se escabulló por un pasillo de servicio. Me pareció apropiado.
Richard me ofreció asiento, pero lo rechacé. Hablamos en voz baja cerca del balcón. Me explicó la investigación, las pruebas...
Una vez, los testigos. La caída de Daniel no había sido repentina, sino inevitable.
"¿Qué harás ahora?", preguntó Richard.
"Algo que me pertenece", respondí.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
