"Voy a dar a luz cualquier día", dije en voz baja, con el pánico invadiendo mi voz.
Agarró las llaves del coche, temblando de ira. "No es mi problema. Estoy acabada".
Y luego salió.
Unas horas después, empezaron las contracciones. Conduje hasta el hospital, aterrorizada, con dolor, apenas aguantando. Mi hermana me recibió allí y me derrumbé en sus brazos. Las enfermeras fueron amables, tranquilizándome a pesar del miedo. Uno de ellos se acercó y susurró: «Ahora mismo, lo único que importas son tú y tu bebé».
Mi hijo nació temprano a la mañana siguiente.
Mientras observaba su carita, exhausta y vacía, un pensamiento se hizo dolorosamente claro: Derek no se fue porque estuviera abrumado. Se fue porque así lo decidió.
Esa tarde, oí pasos fuera de mi habitación del hospital.
Derek entró como si nada hubiera pasado. Con el pelo recién cortado. Pose segura. Esa familiar satisfacción en su rostro, como si todavía perteneciera allí.
Pero no estaba solo.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
