Mi familia política se burló de mí por no tener pareja a los 35 años, y luego entré a cenar del brazo de su poderoso exjefe…-kt

Se puso pálida.

Lorraine parpadeó. —¿Ah, sí?

—Sí —dijo él, aún tranquilo—. Brooke trabajó para mi empresa hace un tiempo. Yo era su jefe.

El ambiente se enfrió. Mi padre tosió en su servilleta. Travis frunció el ceño, confundido.

La voz de Brooke se quebró. —¿Tú… tú eres Daniel Cole?

—Sí. —Se recostó con naturalidad—. Qué pequeño es el mundo, ¿verdad?

La sonrisa de Lorraine se desvaneció por completo. Extendió la mano hacia su copa de vino, falló y rió con incomodidad. «Bueno, estoy segura de que fue… una experiencia interesante para ambos».

Daniel no dudó ni un instante. «Lo fue. Me enseñó mucho sobre la responsabilidad, y hasta dónde llega la gente para evitarla».

Nadie respiró.

Sentí que las comisuras de mis labios se curvaban hacia arriba, no por crueldad, sino por una serena recuperación. Por una vez, no era yo quien se encogía en la silla.

La cena se prolongó con una lentitud exasperante. Lorraine intentó cambiar de tema y hablar de los preparativos de la boda, pero cada intento de entablar una conversación trivial se desvaneció. Brooke no podía levantar la vista del plato. Cuando llegó el postre, Daniel se inclinó y susurró: «Creo que han perdido el apetito».

«Yo también», murmuré. «Para una cena como esta».

Cuando nos levantamos para irnos, Lorraine hizo un último intento por mantener la compostura. —Bueno, Hannah —dijo con voz temblorosa—, sin duda nos has sorprendido esta noche.

Sonreí. —Ya era hora de que alguien lo hiciera.

Al salir, no necesité mirar atrás. Ya sabía lo que había dejado atrás: años de humillación, cuidadosamente enterrados bajo su propio silencio.

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