“Mi hermana me robó al millonario con el que iba a casarme, pero seis años después, en el funeral de nuestra madre, descubrió que yo había ganado la verdadera vida”

Lo miré sin sorpresa.

—Lo sé.

Daniel alzó las cejas.

—¿Cómo?

—Porque uno de los proyectos que diseñé en Barcelona… fue para una empresa suya. Detecté irregularidades y denuncié de forma anónima. Nunca quise que supieras hasta que fuera inevitable.

Daniel me miró con orgullo.

—Entonces… tú empezaste todo esto.

Esa noche, Estefanía escuchó sin querer una conversación. Su mundo comenzó a desmoronarse.

Días después, la noticia estalló: Nicolás Álvarez, imputado formalmente. Cuentas congeladas. Investigaciones abiertas. Prensa.

Estefanía vino a buscarme desesperada.

—¡Tú sabías! —gritó—. ¡Siempre fuiste una envidiosa!

La miré con calma.

—No, Estefanía. Yo elegí dignidad. Tú elegiste brillo.

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