Asentí despacio.
—Lo sé.
Estefanía apretó los labios, conteniendo las lágrimas.
—Siempre pensé que habías perdido —confesó—. Que yo había ganado la vida que tú querías.
La miré con serenidad.
—No, Estefanía. Yo perdí una mentira. Tú la confundiste con una victoria.
El silencio se extendió entre nosotras.
—¿Alguna vez me perdonarás? —preguntó al fin.
Respiré hondo antes de responder.
—El perdón no siempre significa volver a ser como antes. Significa dejar de cargar con lo que duele. Y eso… ya lo hice.
Ella asintió, entendiendo que esa era la única respuesta posible.
Semanas después, el juicio concluyó. Nicolás fue declarado culpable. Multas, inhabilitación profesional, una condena que puso fin a su imagen de hombre intocable. El apellido que una vez me prometió estabilidad ahora era sinónimo de escándalo.
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