Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba.
Mi nombre apareció en un artículo diferente.
“Arquitecta española reconocida por colaborar en la detección de irregularidades urbanísticas”.
No se revelaron detalles, pero bastó para que mi carrera diera un giro definitivo. Nuevos proyectos, reconocimiento profesional, invitaciones a conferencias. Todo aquello que construí en silencio durante años comenzaba a florecer.
Una noche, de regreso a casa, Daniel me esperaba con la cena preparada. Sin lujos. Sin discursos grandilocuentes. Solo verdad.
—¿Te arrepientes de algo? —me preguntó mientras servía el vino.
Pensé en la traición, en el dolor, en los años de soledad.
—Sí —respondí—. De no haber confiado antes en mí misma.
Daniel sonrió y alzó su copa.
—Entonces brindemos por eso.
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