Esperanza. Yo ya no tengo casa. Vendí la casa donde vivíamos. Ya sé, papá, pero podemos alquilar algo juntos. Yo trabajo ahora, puedo ayudar con los gastos. Y cómo sé que no me vas a volver a tratar mal cuando estemos viviendo juntos otra vez. Porque aprendí la lección más dolorosa de mi vida, papá. Porque casi pierdo a mi hijo por mi culpa, porque me di cuenta de que sin vos. Esperanza, vos dijiste que los viejos eran asquerosos por naturaleza.
Yo sigo siendo viejo, ya no te parezco asqueroso. Papá, por favor, no me hagas repetir esas palabras horribles. Me avergüenzo de haberlas dicho. Vos no sos asqueroso, papá. Vos sos lo más hermoso que tengo en la vida. ¿Y si te vuelvo a molestar con mis hábitos de viejo? Papá, vos podés hacer lo que quieras, como quieras, cuando quieras. Es tu derecho. Yo no tengo derecho a criticarte, a juzgarte, a maltratarte. Esperanza. Las palabras que me dijiste no se borran con disculpas.
Lo sé, papá, pero tal vez se puedan borrar con hechos. Déjame demostrarte que puedo ser la hija que te mereces. Esa noche me quedé en un hotel cerca del hospital. No podía dormir pensando en todo lo que había pasado, en todas las decisiones que había tomado. Mi nieto había intentado suicidarse por mi culpa. Mi hija había tocado fondo por mi culpa. Yo había querido enseñar una lección, pero había destruido una familia. Al día siguiente volví al hospital temprano.
Matías estaba mejor, más animado. Abuelo, ¿te vas a quedar? No sé, Matías, es complicado, pero ¿me vas a venir a ver? Por supuesto, mi amor. Aunque viva en la luna, voy a venir a verte. Sofía llegó con Elena a las 10 de la mañana. Cuando me vio, corrió a abrazarme. Abuelo, te extrañé tanto. ¿Por qué te fuiste sin despedirte? Porque el abuelo estaba muy enojado, mi amor. A veces los grandes hacemos cosas que no están bien cuando estamos muy enojados.
¿Ya no estás enojado? Estoy menos enojado, Sofía, pero todavía duele lo que pasó. Mamá te pidió perdón. Sí, mi amor. Mamá me pidió perdón. ¿Y la vas a perdonar? No sé, Sofía. Perdonar es difícil cuando alguien te lastima mucho. Esperanza llegó al mediodía con un ramo de flores y una carta. Papá, escribí esto para vos. Son todas las cosas que no pude decirte en 8 meses. Leí la carta ahí mismo. Era una disculpa larga, detallada, donde reconocía cada error, cada maltrato, cada humillación que me había hecho sufrir.
Papá, terminaba la carta. Sé que no merezco tu perdón. Sé que fui la peor hija del mundo, pero si me das una oportunidad, voy a pasar el resto de mi vida tratando de ser la hija que siempre debía haber sido. Te amo, papá. Tu hija arrepentida. Esperanza. ¿Qué te parece la carta, papá? Está muy bien escrita, Esperanza, pero las cartas son fáciles de escribir. Los cambios son difíciles de sostener. Déjame intentarlo, papá. Déjame demostrar que puedo cambiar.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
