¿Qué palabras usas cuando le hablás a las personas que amás? ¿Las tratas con respeto, con cariño, con paciencia? ¿O creés que te aman tenés derecho a maltratarlas? Mi hija creyó que podía decirme que le daba asco porque yo la iba a perdonar siempre. Se equivocó. Hay palabras que matan el amor, que destruyen los vínculos, que no se pueden borrar nunca. Y cuando te das cuenta del daño que hiciste, puede ser demasiado tarde. ¿Vos le has dicho alguna vez a alguien de tu familia que te da asco?
¿Le has dicho que es repugnante, asqueroso, desagradable? Si la respuesta es sí, quiero que sepas algo. Esas palabras están grabadas en el corazón de esa persona para siempre. Y tal vez un día, cuando menos te lo esperes, esa persona desaparezca de tu vida para siempre. Mi consejo es este: cuida las palabras que usas con tu familia. Las palabras tienen poder para sanar y poder para destruir. Una palabra dicha con amor puede cambiar el día de alguien. Una palabra dicha con crueldad puede cambiar una vida entera.
Y si alguna vez le dijiste algo horrible a alguien que amás, no esperes a que sea demasiado tarde para pedir perdón. No esperes a que esa persona desaparezca para darte cuenta de lo que perdiste. Pedí perdón ahora mientras todavía estás a tiempo, porque yo tuve suerte. Mi hija me pidió perdón antes de que fuera demasiado tarde definitivamente. Pero no todos tienen esa suerte. No todos tienen una segunda oportunidad. Vos tenés a alguien a quien le debes una disculpa, ¿a quien lastimaste con palabras crueles?
Si es así, no esperes más. Llámalo, búscalo, decile que te arrepentís antes de que sea demasiado tarde. Y contame desde qué país me estás escuchando. Y contame si esta historia te hizo reflexionar sobre las palabras que usas con tu familia, porque esa reflexión puede salvar una relación, puede evitar que alguien más tenga que vender todo y desaparecer para recuperar su dignidad. Mi historia todavía no terminó. No sé si voy a quedarme en Argentina o si voy a volver a Miami.
Eso depende de si mi hija realmente cambió o si solo está actuando hasta que las cosas se calmen. Pero lo que sí sé es esto. Nunca más voy a permitir que nadie me trate como algo asqueroso, ni mi hija, ni nadie, porque he aprendido que es mejor estar solo con dignidad que acompañado con humillación. Y esa lección tal vez valga más que todos los millones que perdí
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