Mi Hija Dijo Que Le Daba Asco… Así Que Vendí Todo y Me Fui Sin Decirle Nada…

¿No podrías toser en otra habitación? Cada palabra era como una apuñalada. Yo había empezado a caminar en puntas de pie en mi propia casa, a comer en silencio absoluto, a aguantarme la tos para no molestar. Me estaba convirtiendo en un fantasma por segunda vez, pero ahora por culpa de mi propia hija. Un día, mientras yo estaba en el jardín podando las rosas que Rosa había plantado años atrás, escuché a Esperanza hablando por teléfono con su hermana, mi otra hija que vive en España.

Sí, Paula, estoy viviendo con papá, pero es horrible. No sabes lo que es convivir con un viejo. Todo en él me molesta. No me daba cuenta cuando era chica, pero ahora que estoy acá todos los días me doy cuenta de que papá se ha vuelto repugnante. Huele raro. Hace ruidos asquerosos. Tiene hábitos de viejo que me dan náuseas. Repugnante, asqueroso, náuseas. Mi propia hija hablaba de mí como si fuera un animal enfermo. No sé cuánto tiempo más voy a poder aguantar vivir acá, pero no tengo otra opción.

al menos hasta que consiga trabajo y pueda alquilar algo. Me estaba usando. Me estaba soportando porque no tenía alternativa, no porque me quisiera o me respetara. Esa noche no pude dormir. Me quedé despierto pensando en las palabras de esperanza. Realmente me había vuelto repugnante. Era tan desagradable convivir conmigo. Me levanté y me miré en el espejo del baño. Vi a un hombre de 71 años, delgado, con arrugas, con manchas de vejez en las manos, con el pelo blanco y escaso.

Un viejo. Eso era lo que veía mi hija cuando me miraba. Un viejo desagradable. A la mañana siguiente traté de hablar con esperanza. Hija, ayer te escuché hablando por teléfono. Si mi presencia te molesta tanto, tal vez sea mejor que busques otra solución. Me miró con cara de sorpresa, como si no pudiera creer que yo hubiera escuchado su conversación privada. Papá, no era mi intención que escucharas eso. Estaba desahogándome con Paula nada más. Pero es lo que realmente sentís, ¿no?

Papá, vos sabes que te quiero mucho. Es solo que bueno, convivir es difícil para todos. Estamos pasando por un periodo de adaptación. Periodo de adaptación. Como si el problema fuera la adaptación, no el hecho de que mi presencia le daba náuseas. Esperanza, si querés, puedo buscarme otro lugar donde vivir. No quiero ser una molestia para vos y los chicos. No, papá, no digas esas cosas. Esta es tu casa. Nosotros somos los que estamos viviendo acá de favor.

De favor. Exactamente así me sentía. como alguien que vivía de favor en su propia casa. Los días siguientes fueron insoportables. Cada gesto mío, cada movimiento, cada sonido que hacía parecía molestar a esperanza. Me servía comida en un plato aparte porque los chicos se impresionan cuando ves comer a papá. Me pedía que no me sentara en el sillón de la sala porque después queda con olor a viejo. Cuando mis nietos querían pasar tiempo conmigo, Esperanza siempre encontraba una excusa para separarlos.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.