Les di a cada uno sobre con 000 en efectivo. Esto es para cuando sean grandes. Es un regalo del abuelo asqueroso. Abuelo, ¿por qué te decís asqueroso? Nosotros no pensamos que sos asqueroso. Lo sé, mis amores. Ustedes me ven con ojos de amor, pero hay gente que me ve con otros ojos. El miércoles pasado era el día elegido para mi desaparición. Esperanza. Había conseguido trabajo en una oficina contable y empezaba esa misma mañana. Los chicos tenían clases hasta las 5 de la tarde.
Tenía el día entero para ejecutar mi plan sin interferencias. A las 8 de la mañana, después de que se fueron todos, llamé a una empresa de mudanzas. Necesito que vengan hoy mismo a retirar algunos muebles. Les dije que se llevaran solo las cosas de valor: el televisor grande, el equipo de música, la computadora, algunos electrodomésticos caros. El resto lo dejé para que Esperanza entendiera el mensaje. A las 10 de la mañana, los de la mudanza se habían llevado todo lo que yo quería.
A las 11 llegó un taxi que me esperaba para llevarme al aeropuerto. Tenía una valija con ropa para una semana y un bolso con $10,000 distribuidos en billetes de diferentes denominaciones. Antes de irme dejé una carta sobre la mesa de la cocina, una carta que había escrito y reescrito 10 veces hasta que quedó perfecta. La carta decía, “Esperanza, como te dije que te daba asco mi presencia, decidí regalarte lo que tanto deseabas, mi ausencia permanente. Vendí todo lo que tenía y me fui para siempre.
Ahora ya no vas a tener que soportar a este viejo asqueroso nunca más. Que seas feliz, tu padre repugnante. A las 12 del mediodía ya estaba en el aeropuerto esperando mi vuelo a Miami. Había elegido Estados Unidos porque era el lugar más fácil para desaparecer. Con mi dinero podía comprar una nueva identidad, alquilar un departamento, vivir cómodamente sin que nadie me encontrara jamás. Durante el vuelo me sentí libre por primera vez en meses. Ya no era el viejo asqueroso que tenía que caminar en puntas de pie en su propia casa.
Ya no era el abuelo al que alejaban de sus nietos. Era Aurelio Mendizábal, un hombre de 71 años con $10,000 y el resto de su vida por delante. Llegué a Miami a las 8 de la noche. En el aeropuerto me esperaba un contacto que el Dr. Ruiz me había conseguido, un hombre que se dedicaba a ayudar a gente que quería empezar una nueva vida. Señor Mendizábal, bienvenido a su nueva vida. ¿Está listo para desaparecer? En una semana tenía documentos nuevos, una cuenta bancaria nueva, un departamento alquilado en un barrio tranquilo de Miami y un teléfono nuevo.
Oficialmente, Aurelio Mendizábal había desaparecido de la faz de la Tierra. En su lugar había nacido Aurelio Méndez, jubilado argentino que vivía cómodamente de sus ahorros. Mientras tanto, en Argentina, Esperanza había llegado a casa después de su primer día de trabajo y había encontrado mi carta. Mi hermana Elena me contó después que Esperanza la había llamado gritando histéricamente, “Tía Elena, papá desapareció, se llevó cosas de la casa y dejó una carta diciendo que se fue para siempre.” “¿Y qué decía la carta exactamente?”, le preguntó Elena.
Esperanza le leyó mi carta completa. Elena se quedó callada durante un rato largo. “Eperanza, ¿vos realmente le dijiste a tu papá que te daba asco?” Sí, pero fue en un momento de enojo. No lo decía en serio. Esperanza, tu papá es un hombre orgulloso. Si te fue es porque está muy lastimado. Tía, ayúdame a encontrarlo. No puede haber ido muy lejos. No tiene mucho dinero. ¿Vos sabes cuánto dinero tenía tu papá? No mucho, tía. Una jubilación, algunos ahorros.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
