Mi nieto había intentado matarse porque creía que yo lo había abandonado. Elena, quiero hablar con él. Aurelio, Matías está en terapia intensiva, no puede hablar por teléfono, pero los médicos dicen que lo único que repite es tu nombre. Quiero al abuelo. Quiero al abuelo. Y Esperanza. Esperanza está destruida, hermano. Se culpa por todo lo que pasó. Esa noche no dormí. Caminé por la playa durante horas pensando en mi nieto internado en un hospital psiquiátrico, pensando en las consecuencias de mi decisión.
Había querido castigar a mi hija, pero había terminado castigando a un niño inocente. A la mañana siguiente llamé al Dr. Ruiz. Doctor, necesito volver a Argentina urgente. Mi nieto está internado. Don Aurelio, ¿estás seguro? Si vuelve, su hija va a saber dónde encontrarlo. Doctor, mi nieto intentó suicidarse porque piensa que lo abandoné. Ya no me importa lo que pase con mi hija. ¿Quiere que le consiga un vuelo? Sí, doctor, el primer vuelo disponible. En 6 horas estaba en un avión de vuelta a Buenos Aires después de 8 meses de exilio.
Llevaba conmigo solo una valija pequeña y $50,000 en efectivo. El resto del dinero lo había dejado en Miami, en una cuenta que solo María Elena conocía. Llegué a Buenos Aires a las 10 de la mañana. Elena me esperaba en el aeropuerto. Cuando me vio, se puso a llorar. Aurelio, gracias por volver. Matías está mejor desde ayer cuando le dijimos que venías. ¿Cómo está Esperanza? Muy mal, hermano. Ha perdido 20 kilos. Está medicada con antidepresivos, apenas puede trabajar.
Y Sofía, Sofía está mejor que Matías, pero también muy afectada. Le cuesta entender por qué el abuelo se fue sin despedirse. Durante el viaje al hospital, Elena me puso al día de todo lo que había pasado. Esperanza había tenido que dejar de trabajar por la depresión. Los chicos estaban viviendo principalmente con Elena porque Esperanza no podía cuidarlos. Aurelio, tu hija ha tocado fondo, ha perdido todo. La casa, el trabajo, la estabilidad, la salud mental y lo peor de todo, casi pierde a su hijo.
Elena, yo no quería que las cosas llegaran tan lejos. Lo sé, hermano, pero las palabras tienen consecuencias y Esperanza está pagando todas las consecuencias juntas. Llegamos al hospital a las 12. Matías estaba en una habitación del piso de psiquiatría infantil. Cuando me vio entrar, se puso a llorar y me abrazó como si fuera lo único que lo mantenía vivo. Abuelo, pensé que nunca más te iba a ver. Pensé que te habías ido porque no me querías. Matías, mi amor, el abuelo te ama más que a nada en el mundo.
No me fui por vos, mi vida. Me fui porque tenía problemas con tu mamá. Pero ya volviste para quedarte. Lo miré a los ojos, esos ojos inocentes que no entendían nada de lo que había pasado entre su madre y yo, y no pude mentirle. Matías, el abuelo volvió para verte, para abrazarte, para decirte cuánto te ama, pero no sé si me voy a quedar para siempre. ¿Por qué, abuelo? ¿Qué hizo mamá tan malo que no la podés perdonar?
Mamá me dijo cosas que me lastimaron mucho, mi amor. Cosas que un hijo no debería decirle nunca a su papá. Pero, ¿no podes perdonarla? Mamá llora todos los días diciendo que fue mala con vos, Matías, hay cosas que se pueden perdonar y hay cosas que no, pero lo importante es que vos sepas que el abuelo te ama, pase lo que pase entre tu mamá y yo. Pasé toda la tarde con Matías. Le conté historias, jugamos cartas, me contó todo lo que había pasado durante estos 8 meses.
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