Mi hija llegó y me encontró sentada en la oscuridad. “Mamá… ¿por qué no hay comida? ¡Recibes ocho mil dólares de pensión cada mes!” Antes de que pudiera responder, mi nuera apareció con una sonrisa arrogante

—Está bien…

—Segunda: voy a revisar cada movimiento de los últimos doce meses. Si Emily sacó dinero sin autorización, la denuncia será inmediata.
—Clara, no quiero problemas…

Clara me miró con una determinación que me dejó sin palabras.

—Ella ya te causó suficientes problemas. Ahora toca solucionarlos.

—¿Y la tercera? —pregunté, temiendo la respuesta.

Un leve brillo apareció en sus ojos.

—La tercera… es hablar con Marc.

Mi corazón dio un salto. Marc era mi hijo, hermano de Clara. Un analista financiero brillante, actualmente trabajando en una firma en Madrid. Temperamental, directo y absolutamente intolerante a cualquier tipo de injusticia. Si alguien podía desmantelar el abuso de Emily en un día, era él.

—Clara, no lo involucres aún…

—Lo voy a hacer —dijo—. Porque esto no se trata solo de dinero. Se trata de respeto. De dignidad. De ti.

De pronto, mi puerta volvió a abrirse. Pensé que Emily había regresado, pero era Lucas, el marido de Clara. Entró preocupado.

—¿Qué está pasando? Emily salió del edificio llorando.

Clara lo miró con una serenidad que daba miedo.

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