Todavía no he traído el dinero que me quedaba de Florida. La confianza lleva tiempo, tiempo de verdad. Pero por ahora, estamos construyendo algo nuevo, frágil pero esperanzador.
Anoche, Lily me preguntó en voz baja: «Mamá... ¿crees que algún día podrás perdonarme?».
La miré, la miré con atención. «El perdón no es un momento, Lily. Es un proceso. Y lo estás viviendo ahora».
Asintió, con lágrimas en los ojos, y susurró: «Seguiré caminando, mamá. Hasta que sea necesario».
Y por primera vez, le creí.
Mi historia ya no se trata de venganza: se trata de límites, resiliencia y el precio de las palabras irreflexivas. Lo perdí todo una vez: mi dignidad, mi paz, mi autoestima. Nunca lo volveré a perder.
Para quienes me escuchan, recuerden: A veces el amor sobrevive. A veces no. ¿Pero la dignidad? Esa nunca debe renunciarse.
¿Qué habrías hecho en mi lugar? Comparte tu opinión: quiero saber cómo manejarías una traición como esta.
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