Comimos juntas sobre el mantel de encaje, dos mujeres fuertes compartiendo un momento de silencio y respeto. Había perdido mi casa y mi dinero, pero había recuperado mi dignidad. Y eso no tiene precio.
Ahora me gustaría dirigirme a vosotras, las personas que estáis leyendo esto. Esta historia es dura, pero es la realidad de muchas madres que sufren en silencio el maltrato de sus propios hijos.
¿Qué pensáis vosotras? ¿Creéis que una madre debe perdonarlo todo incondicionalmente, o está justificado tomar medidas tan drásticas cuando el respeto se pierde y la violencia aparece?
Dejadme vuestra opinión en los comentarios. A veces, leer que no estamos solas en estas decisiones tan difíciles es el único apoyo que necesitamos para salvarnos.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
