Mi hijo me llevó a la boda en Uber… y llevó a su suegra en mi coche, así que hice algo loco…

Completamente segura. Perfecto. Las transferencias quedan canceladas a partir de este momento. ¿Hay algo más en lo que pueda ayudarla? Sí. También necesito cancelar un servicio de tarjeta adicional. Alejandro tenía una tarjeta adicional de mi cuenta desde hacía 5 años, originalmente para emergencias, pero en los últimos meses había anotado cargos pequeños pero frecuentes. Comidas en restaurantes, gasolina, compras en el supermercado. Nada exagerado, pero sí constante. Era como si hubiera asumido que mi dinero era una extensión natural de su dinero.

La tarjeta adicional también queda cancelada. Señora Hernández, ¿desea que le enviemos una notificación al portador de la tarjeta? No es necesario. Él se dará cuenta cuando trate de usarla. Después del banco, fui a visitar a la licenciada Patricia Morales, una abogada que me había recomendado mi vecina, doña Carmen. Su oficina estaba en el centro, en un edificio viejo, pero bien mantenido. La licenciada era una mujer de unos 50 años con una presencia seria pero amable. Doña Teresa, cuénteme exactamente qué está pasando”, me dijo después de ofrecerme un café y de que nos sentáramos en su oficina.

Le conté toda la historia desde el principio, los 40 años de sacrificios, la boda, el trato humillante, las decisiones que había tomado esa mañana. Ella tomaba notas ocasionalmente y me hacía preguntas específicas sobre fechas, montos, contratos. Cuando terminé, se recargó en su silla y me miró con una expresión que era mezcla de admiración y preocupación. Doña Teresa, legalmente usted está en todo su derecho de hacer lo que ha hecho. Las transferencias voluntarias pueden cancelarse en cualquier momento y el contrato del salón establece claramente que la obligación es compartida con su hijo.

Lo que me preocupa, continuó, es que usted debe estar preparada para las consecuencias emocionales y familiares de estas decisiones. Su hijo va a estar muy molesto cuando se entere. probablemente va a tratar de hacerla sentir culpable. Tal vez van a decir que usted está exagerando o que se está comportando de manera irracional. Sus palabras me tranquilizaron porque confirmaban que lo que estaba haciendo no era una locura temporal, sino una decisión racional y justificada. Licenciada, durante 40 años yo he vivido preocupándome por los sentimientos de mi hijo.

He sacrificado mi comodidad, mi dinero, mis oportunidades, todo para que él estuviera feliz. Y en la boda, el día más importante de su vida, él no se preocupó ni un segundo por mis sentimientos. ¿Por qué tengo que seguir siendo yo la única que se sacrifica? La licenciada asintió con comprensión. Tiene toda la razón, doña Teresa. Solo quiero que esté preparada para lo que viene. Salí de la oficina de la licenciada sintiéndome más segura que nunca. No estaba loca, no estaba siendo irracional, no estaba exagerando, estaba simplemente defendiendo mi dignidad.

Después de años de darla por sentado, caminé por el centro de Guadalajara, observando a la gente ir y venir con sus propias preocupaciones y sus propias vidas. Me detuve frente a una agencia de viajes que tenía fotografías de playas hermosas en el escaparate. Por primera vez en mi vida me permití imaginar qué se sentiría estar en un lugar así, sin tener que preocuparme por nadie más que por mí misma. Entré a la agencia más por curiosidad que por intención real de comprar algo.

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