Mi hijo me llevó a la boda en Uber… y llevó a su suegra en mi coche, así que hice algo loco…

La chica del mostrador, una joven amable de unos 25 años, me recibió con una sonrisa. Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarla? Solo estaba viendo. Le dije tímidamente. ¿Hay algún destino en particular que le interese? Me señaló las fotos del escaparate. Tenemos muy buenas promociones para Puerto Vallarta y Mazatlán. Son destinos perfectos para personas de para gente que quiere relajarse y disfrutar. Me gustó que no dijera personas de su edad, aunque era obvio que eso había estado a punto de decir.

¿Cuánto costaría algo así? le pregunté, sorprendiéndome a mí misma por hacer una pregunta tan concreta. Bueno, depende de la temporada y el tipo de hotel, pero tenemos paquetes desde 3,000 pes por 3 días y dos noches, incluyendo transporte y hospedaje. 3,000 pesos era exactamente lo que yo gastaba en un mes comprando la comida especial que le gustaba a Alejandro cuando venía los domingos. ¿Puedo quedarme con algunos folletos?, le pregunté. Por supuesto. Y si gusta, déjeme sus datos y le puedo avisar cuando tengamos promociones especiales.

Le di mi nombre y teléfono, sintiendo como si estuviera haciendo algo prohibido pero emocionante. Salí de la agencia con una bolsa llena de folletos coloridos, llenos de promesas de libertad y aventura. Esa tarde, sentada en mi cocina con una taza de té y los folletos extendidos sobre la mesa, hice algo que no había hecho en años. Planear algo solo para mí. No era solo sobre el viaje, era sobre la idea de que mi tiempo, mi dinero y mis decisiones me pertenecían, que podía levantarme un día y decidir ir a ver el mar sin pedirle permiso a nadie, sin tener que justificar el gasto, sin tener que preocuparme por si alguien más me iba a necesitar.

Por la noche llamé a mi hermana Consuelo para contarle lo que había hecho durante el día. Ella se quedó callada cuando le expliqué sobre el contrato del salón, las transferencias canceladas, la visita a la abogada Teresa me dijo finalmente, estoy orgullosa de ti. No sabes cuánto tiempo he estado esperando a que tomaras una decisión así. Sus palabras me llenaron de una calidez que no había sentido en mucho tiempo. ¿Crees que estoy haciendo lo correcto? Le pregunté porque una parte de mí todavía necesitaba la validación.

Teresa, yo creo que deberías haber hecho esto hace años. Alejandro es un hombre adulto, con trabajo, con esposa. Es tiempo de que aprenda a vivir sin el subsidio emocional y económico de su mamá. Y es tiempo de que tú aprendas a vivir para ti misma. Esa noche me dormí más tranquila de lo que había estado en meses. El martes por la mañana desperté con energía renovada. Tenía más trabajo que hacer. Revisé todos mis gastos mensuales y me di cuenta de algo sorprendente.

Sin las transferencias a Alejandro y sin los gastos extras que hacía para sus visitas dominicales, mi pensión me alcanzaba mucho mejor de lo que pensaba. Tenía incluso un pequeño margen para ahorros o para darme algunos gustos que llevaba años negándome. Fui al supermercado y por primera vez en años compré solo lo que a mí me gustaba comer. Elegí fruta cara pero rica. Compré un pescado bueno para la cena. Me permití comprar ese yogurt griego que siempre veía, pero que nunca compraba porque era más caro que el normal.

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