Ustedes iban a robarme mi casa y mi libertad, sin importar cómo lo justificaran. Marina finalmente habló con voz muy bajita. Elena, yo yo siento mucho todo esto. Yo sé que no tengo excusa. No, Marina, no la tienes. Durante 15 años te traté como a una hija. Cuidé a tus hijos, te ayudé cuando lo necesitaste. Te recibí en mi familia con amor y tú me pagaste planeando robarme todo lo que tengo. Los dos estaban llorando ahora, pero yo ya no sentía compasión por ellos.
Habían mostrado su verdadera cara y era una cara que no me gustaba nada. Dr. Hernández, ¿hay algo más que necesitemos hacer hoy? No, señora Elena. Todo está perfectamente documentado y protegido. Nadie puede tocar sus bienes sin su consentimiento expreso. Perfecto. Roberto me miró con ojos suplicantes. Mamá, ¿hay alguna manera de que puedas perdonarnos? ¿Alguna manera de arreglar esto? Lo pensé por un momento. Eran mi hijo y mi nuera, los padres de mis nietos. No podía cortarlos completamente de mi vida, pero tampoco podía actuar como si nada hubiera pasado.
Roberto, ustedes pueden seguir siendo parte de mi vida, pero las cosas van a ser diferentes. Nunca más voy a confiar en ustedes completamente. Nunca más van a tener ningún poder sobre mis decisiones o mis bienes. Y si alguna vez, alguna vez vuelven a intentar algo parecido, los voy a desheredar sin dudarlo un segundo. Entendido, mamá. Te prometo que nunca más. Las promesas no significan nada después de lo que hicieron. Solo me van a demostrar con hechos que han cambiado.
Marina se limpió las lágrimas. Elena, ¿podemos podemos seguir trayendo a los niños a visitarte? Los niños son mis nietos y siempre van a ser bienvenidos en mi casa, pero ustedes van a tener que ganarse de nuevo mi confianza y eso va a tomar mucho tiempo. Después de que se fueron el abogado y el notario, Roberto Marina y los niños se quedaron un rato más. Los niños no entendían muy bien qué había pasado, pero sabían que había habido una conversación seria de adultos.
Antes de irse, Roberto me abrazó con fuerza. Mamá, yo sé que la feo. Yo sé que perdí tu confianza y que me lo merezco, pero te juro por la memoria de mi papá que voy a hacer todo lo posible para arreglar esto. Roberto, tu papá estaría muy decepcionado de ti ahora mismo. Él nos enseñó a valorar la familia, a proteger a los más vulnerables, a ser honestos y leales. Tú hiciste exactamente lo contrario. Lo sé, mamá, y voy a vivir con esa culpa el resto de mi vida.
Cuando se fueron, me quedé sola en mi casa, pero por primera vez en meses no me sentí sola. Me sentí fuerte, protegida, dueña de mi propio destino. Había enfrentado la traición más dolorosa de mi vida y había salido victoriosa. Esa noche llamé a Carlos y a Patricia para contarles cómo había salido todo. “Mamá”, me dijo Carlos, “estoy tan orgulloso de ti. Le diste una lección que nunca va a olvidar. Patricia fue más directa. Roberto se lo merecía mamá y Marina también.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
