Mi HIJO OLVIDÓ COLGAR… ESCUCHÉ LO PEOR — y entonces TOMÉ la decisión que cambió nuestras vidas para siempre…

Siempre se puede argumentar que tienen episodios de confusión o pérdida de memoria. Pero mi mamá está perfectamente lúcida, Marina. Ah, sí. ¿No te dijo la semana pasada que había visto a tu papá sentado en la sala viendo televisión? ¿No se confundió cuando la llamaste y te preguntó si ya habías llegado del colegio como si fueras todavía un niño. Mi corazón se paró. Sí. Había tenido esos episodios dos veces en el último mes. Había jurado ver a Fernando en su sillón favorito, leyendo el periódico como lo había hecho durante tantos años.

Y sí, una vez que Roberto me llamó muy temprano, todavía medio dormida, le había preguntado si ya había llegado del colegio como si tuviera de nuevo 8 años, pero eran solo momentos de confusión normales en alguien de mi edad que había perdido a su compañero de vida. No significaba que estuviera loca o incapacitada. Eso no significa nada, Marina. Es normal que la gente mayor a veces se confunda. Exacto. Y esa confusión es justamente lo que necesitamos documentar.

Leticia dice que con dos o tres episodios bien documentados, más su edad y sus condiciones médicas, cualquier juez va a probar que tú tomes las decisiones por ella. Yo seguía ahí paralizada, escuchando cómo planeaban mi vida, como si fuera una menor de edad o una incapacitada mental, como si mis 75 años de experiencia, de tomar decisiones, de sacar adelante una familia no significaran nada. Me sigue pareciendo muy fuerte, Marina. Roberto, por favor, mira la realidad. Tu mamá se está deteriorando.

Está viviendo en una fantasía donde tu papá todavía está vivo, donde ella todavía puede manejar una casa tan grande, donde no necesita ayuda de nadie. Nosotros la estamos ayudando a enfrentar la realidad. ¿Y qué hacemos con mis hermanos? Carlos y Patricia también tienen que estar de acuerdo. Mis otros dos hijos, Carlos el mayor vivía en Estados Unidos con su familia. Patricia, la menor estaba en Medellín con su esposo y sus tres hijos. Los dos venían a visitarme cada 6 meses.

Me llamaban todas las semanas, pero vivían lejos y Roberto se había convertido en el que se hacía cargo de los asuntos prácticos. Roberto, tus hermanos viven lejos, no ven la realidad día a día como nosotros. Además, piénsalo. También es por el bien de ellos. Cuando tu mamá muera, van a heredar por partes iguales, ¿verdad? Pero si para entonces hay que pagar años de residencia, gastos médicos, medicamentos especializados, la herencia se va a reducir muchísimo. No había pensado en eso.

Por eso estoy yo aquí, mi amor, para pensar en estas cosas. Si vendemos la casa ahora, podemos invertir el dinero, hacerlo crecer. Cuando llegue el momento de la herencia, tus hermanos van a recibir mucho más de lo que recibirían si dejamos que los gastos de cuidado se coman todo. Qué inteligente sonaba Marina. Qué bien planeado tenía todo. Incluso había pensado en mis otros hijos, en cómo beneficiarlos económicamente con mi desgracia. Por supuesto, no mencionó que mientras tanto ella y Roberto vivirían en una casa más grande, comprada con el dinero de la venta de la mía.

¿Y cuánto crees que podríamos sacar por la casa? Ay, Roberto, yo ya hice mis averiguaciones. Una casa similar en la cuadra de al lado se vendió el mes pasado en 350 millones de pesos. Pero la de tu mamá es más grande, tiene mejor ubicación y ese terreno, ese terreno vale oro. Yo creo que podríamos pedir 400 millones fácilmente. 400 millones de pesos. Eso valía mi casa, mi hogar, mi vida. Para Marina eran simplemente números, una oportunidad de negocio.

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