Durante las siguientes dos horas, el doctor García me hizo exámenes de memoria, de orientación, de capacidad de razonamiento, de habilidades motoras. También me tomó la presión, me revisó los reflejos, me hizo preguntas sobre fechas, nombres, acontecimientos recientes. Señora Elena, todos sus resultados están perfectos. Su memoria está intacta. Su capacidad de razonamiento es excelente. No tiene ningún signo de demencia senil Alzheimer o cualquier otra condición que pueda afectar su capacidad de tomar decisiones. Voy a documentar todo esto en un reporte oficial que usted puede usar cuando necesite.
A las 2 de la tarde estaba en la oficina del doctor Hernández, el abogado. Era un hombre mayor casi de mi edad que había sido amigo de Fernando, además de nuestro consejero legal. Elena, me da mucho gusto verte, aunque siento que sea por estas circunstancias. Cuéntame exactamente qué está pasando. Le conté todo. Cada palabra que había escuchado en esa llamada telefónica, cada plan que tenían Roberto y Marina, cada justificación que habían dado para despojarme de mi casa y mi libertad.
El Dr. Hernández escuchaba con el seño fruncido, tomando notas ocasionalmente. Elena, esto es muy serio. Lo que están planeando hacer es técnicamente legal. Si logran demostrar que tú no estás en capacidad de tomar tus propias decisiones, pero es éticamente reprobable y considerando que tú estás perfectamente bien, podría constituir abuso contra un adulto mayor. ¿Qué puedo hacer, doctor? Varias cosas. Primero, vamos a revocar inmediatamente el poder que le diste a Roberto. Segundo, vamos a crear un Nuevo Testamento donde especifiques exactamente qué quieres que pase con tus bienes.
Tercero, vamos a establecer medidas de protección legal para que nadie pueda tomar decisiones por ti sin tu consentimiento expreso. ¿Y eso es suficiente? Elena. Con el reporte médico que tienes y estas medidas legales, nadie va a poder tocarte ni un peso ni obligarte a hacer nada contra tu voluntad. Pero déjame preguntarte algo. ¿Qué quieres lograr con esto? ¿Solo protegerte? ¿O también quieres que haya consecuencias para Roberto y Marina? Era una buena pregunta. ¿Qué quería yo realmente? ¿Solo protegerme o también enseñarles una lección que nunca olvidarían?
Dr. Hernández, quiero protegerme, por supuesto, pero también quiero que entiendan que su madre no es una anciana indefensa que se puede manipular. Quiero que sepan que hay consecuencias cuando traicionas a la familia. El abogado sonrió por primera vez desde que había llegado. Elena, creo que tienes más carácter del que Roberto se imagina. Déjame sugerirte algo. Vamos a preparar todo legalmente, pero también vamos a preparar una pequeña sorpresa para cuando vengan este fin de semana. Durante las siguientes dos horas, el Dr.
Hernández y yo diseñamos un plan. Primero, revocamos inmediatamente el poder que Roberto tenía sobre mis asuntos. Segundo, creamos un Nuevo Testamento donde especificaba que cualquier hijo que intentara declararme incompetente o forzarme a vender mi casa perdería automáticamente su parte de la herencia. Tercero, establecimos un fideicomiso donde mis bienes quedarían protegidos y solo yo podría tomar decisiones sobre ellos. Pero, doctor, yo quiero seguir viviendo en mi casa. No me interesa venderla ni ahora ni nunca. Perfecto, Elena. En el Nuevo Testamento vas a especificar que quieres vivir en tu casa hasta el día de tu muerte.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
