Mi madrastra me prohibió sentarme con la familia en la boda de mi hermana porque "ella lo pagó todo". Me quedé callada... hasta que los guardias le impidieron sentarse en el asiento de honor. Exigió hablar con el director del salón, y palideció al ver quién se dirigía hacia ella...

El gerente general de Rosewood Hall era Alexander Donovan, un reservado hombre de negocios británico conocido por su integridad y discreción. Pero para Evelyn, era mucho más que un nombre. Lo miró como si se enfrentara a un recuerdo vivo que esperaba que nunca volviera a surgir.

Alexander se detuvo frente a ella, sereno y tranquilo, aunque sus ojos sugerían que no estaba nada sorprendido.

"Buenas tardes, Sra. Carter", dijo con voz serena. "Por favor, aléjese de ese asiento".

"¡Usted…!" Evelyn se tambaleó hacia atrás. ¿Qué haces aquí? ¿Por qué…?
Alexander juntó las manos a la espalda, con la postura de alguien acostumbrado a tomar decisiones firmes. Evelyn respiró entrecortadamente al darse cuenta de cuántas miradas los tenían clavados.

Desde varios pasos de distancia, observé con incredulidad, intentando comprender la conexión. Mi padre parecía igualmente atónito. Clara, que seguía preparándose en otro lugar, no tenía ni idea de que su ceremonia estaba a punto de ser un caos.

Alexander finalmente habló.

"Ella sabe exactamente por qué", dijo en voz baja. "Y sabe por qué ese asiento no le pertenece".

Un murmullo recorrió el salón. Evelyn apretó la mandíbula, luchando por mantener el control.

"Esto es absurdo", espetó. "No tienes derecho a decirme dónde me siento. Yo pagué todo".

"No", corrigió Alexander con calma. "No lo hiciste".

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