Entonces la voz de mi abogado interrumpió, tranquila y definitiva. “También estamos presentando una denuncia sobre el intento de embargo. Tenemos documentación que lo vincula a una sociedad de responsabilidad limitada (LLC) vinculada al negocio familiar”.
En ese momento, su confianza se hizo añicos.
Se acercó, bajando la voz como si aún tuviera poder.
“Por favor”, susurró. “Podemos hablar”.
La miré, la miré de verdad.
A la mujer que me crio.
Que me enseñó a ser leal.
Que ahora estaba en una puerta que nunca fue suya, intentando borrarme.
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