Mis ojos se clavaron en el cerrojo desconocido.
"Mamá", dije con cuidado, "¿qué hiciste?"
Su tono se mantuvo firme. "Siempre has pensado solo en ti. Esta casa tiene más sentido para Brianna. Necesita seguridad. Caerás de pie en cualquier lugar".
Me temblaban las manos, pero mantuve la voz firme. "Yo pagué por esta casa. La escritura está a mi nombre".
Brianna se acercó, agitando un papel como si fuera un premio. “Contrato de arrendamiento”, dijo con voz alegre. “¿Ves? Solo te quedas aquí. Mamá y yo ya lo firmamos”.
Miré el documento.
No estaba notariado. Las firmas estaban descuidadas; la mía era una falsificación obvia, como si alguien la hubiera copiado de una tarjeta vieja. Las fechas no coincidían. Incluso la dirección estaba mal escrita.
No era solo falso.
Fue un descuido.
Examiné el rostro de mi madre buscando el más mínimo rastro de culpa.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
