Tendría que empezar de cero con 35 años encima. Pero lo más interesante vino el sábado por la mañana. Adrián me llamó llorando. Llorando de verdad, hermano. Voy a perder todo. Mamá y papá dijeron que puedo volver a vivir con ellos hasta que me recupere, pero es tan humillante volver con ellos. Fue ahí cuando recordé algo que había estado tratando de no pensar. Adrián no era el único que iba a aprender algunas lecciones sobre esfuerzo y merecimiento. Mis padres ya habían dejado claro en aquella reunión familiar lo que pensaban de mi familia.
Era momento de mostrarles lo que su hijo dorado realmente valía. “Lo siento, Adrián, no puedo ayudarte con eso”, le dije. “pero seguro mamá y papá encontrarán cómo resolverlo.” Colgué. Me quedé unos segundos mirando el teléfono, luego me subí a la camioneta y me dirigí a la casa de mis padres. Bueno, la casa, eso estaba a punto de cambiar. Durante el trayecto repasé todo lo que estaba a punto de decir. Habían pasado 3 años desde que guardé silencio sobre el hecho de que yo era el propietario de esa casa.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
