Mi Madre Humilló A Mis Hijos Frente A Todos En La Parrillada Familiar. Pero Les Recordé De Quién…

Y ahora, ¿a dónde se supone que iremos? Esta es nuestra vida. Aquí están nuestros recuerdos. La miré con frialdad. Era la misma mujer que sin remordimiento, había hecho sentir a mi hija como si no valiera nada. La misma que había justificado la discriminación disfrazándola de enseñanza. “Pues vayan donde puedan”, respondí. “Papá apeló al lazo familiar. habló de la sangre, de la unidad, del perdón, del daño que esto causaría a la familia. El mismo hombre que les negó las bengalas a mis hijos, diciendo que solo los buenos nietos las merecen.

Mamá, por su parte, optó por la culpa. Me preguntó cómo podía echar a unos ancianos a la calle, qué clase de hijo me había vuelto, dijo que jamás volverían a hablarme, como si eso fuera una amenaza y no una bendición. Tienen 30 días”, les dije mientras me dirigía a la puerta, como cualquier otro inquilino, bastante generoso, considerando que nunca pagaron renta. Salí y me subí a mi camioneta. Desde el retrovisor aún podía verlos a través de la ventana del salón.

Papá con la cabeza entre las manos, mamá paralizada frente a la puerta como si esperara que regresara para decir que era una broma. Pero no era una broma, eran las consecuencias. Era la hora de pagar la deuda y esta vez no con dinero. La casa donde una vez me criaron, la misma que rescaté del embargo, el lugar donde habían humillado a mis hijos. Pronto tendría nuevos residentes, personas que si entienden que todos los niños merecen sentirse valorados, tener un buen trato y disfrutar de cosas simples como una bengala en una fiesta.

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