En la mesa, ella dijo: "Podrías haber sido genial, Jonathan".
—Sí —respondí—. Simplemente dejé de actuar para ti.
Finalmente admitió la verdad: el control había sido su armadura. La perfección, su seguridad.
—Nos perdiste de todas formas —dije—. Porque nunca nos dejaste elegir.
Anna habló una vez: «Jonathan nos eligió. No somos un castigo».
Mi madre se fue sin disculparse.
Esa noche, ella volvió a llamar. Llorando.
—No sabía que se sentiría así —susurró—. Tu hogar. La forma en que te mira tu esposa. La forma en que sonríe tu hijo.
“No creo que nadie me haya mirado así nunca”.
A la mañana siguiente, había un sobre en nuestra puerta. Dentro había una tarjeta de regalo de una tienda de música. Y una nota.
Para Aaron. Que juegue porque quiere.
Me quedé allí parado por un largo tiempo.
Por primera vez en años, nada parecía roto.
No fue un cierre.
Pero fue algo parecido.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
