"¡Perderás a tu hombre! ¿Quién te va a aguantar?
"El que no considera la paciencia un deber de mujer", respondí con calma.
Y entonces apareció Andrey, con una bolsa en la mano. Estaba pálido y confundido, pero por primera vez, había algo en sus ojos que parecía auténtica vergüenza.
"Mamá", dijo, "nos vamos".
"¡¿Adónde?!", gritó ella.
"A casa. A la tuya. Una semana", dijo sin mirarme. "Y... mamá... al apartamento de Masha. No es mío."
Tamara Petrovna guardó silencio. Su rostro pareció decaer. Y entonces siseó:
"Así que te compró..."
"No", dijo Andrey en voz baja. "Me vendí." Para tu elogio.
Y esa fue su primera respuesta sincera en tres años.
Etapa 9: El Silencio que Sana y Mis Lágrimas Reales
Cuando la puerta se cerró tras ellos, lloré por primera vez en mucho tiempo. No de humillación. De liberación. La casa de repente se volvió mía, no por papeleo, sino por sentimiento.
Caminé por la habitación, recogiendo los fragmentos del jarrón, y cada trozo de cristal era como un trocito de mi antiguo yo: el que guardaba silencio, paciencia, esperando que "desapareciera solo".
No lo haría. Nunca.
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