"El amor no son solo palabras", respondí. "El amor es cuando no dejas que tu madre arruine mi vida. Cuando no la arruinas tú mismo".
Me incliné un poco más hacia él.
"¿Estás listo para poner un límite? Uno real. Uno firme. No por una semana".
Andrey bajó la mirada.
"Ella no lo entenderá..."
"Entonces tú tampoco lo entiendes", dije con calma.
Me miró y, por primera vez, no había resentimiento en esa mirada, sino la comprensión de que todo podía terminar.
"¿Qué quieres?", preguntó en voz baja.
"Honestidad", respondí. "Y respeto".
Pausa.
"Y si no eres capaz, elegiré la paz sin ti".
Andrey guardó silencio un largo rato. Luego exhaló:
"Lo... lo intentaré".
Asentí.
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