"Excelente, Andrey", susurré. "Ahora sabrás lo que se siente cuando el jefe se queda sin atrezo".
Etapa 2: El regreso del marido y su primer intento de fingir que eran "emociones femeninas"
Exactamente una hora después, la puerta principal se cerró de golpe. Salí del dormitorio, sosteniendo la carpeta en mis manos con la misma calma que si no fueran documentos, sino una bandeja de té.
Andrey entró, cansado, sonriendo como siempre, como un hombre que espera sacarle una broma.
"Masha, ¿qué has hecho aquí...?", empezó, sin ver aún el jarrón roto en la cocina. "Mamá, estás haciendo esto otra vez...".
"¡¿Otra vez?!", Tamara Petrovna se enfureció y lo agarró de la manga. "Hijo, la voy a echar. Es una insolente. No me respeta. ¡Y esta es tu casa!".
Andrey me miró, rápido, suplicante: "Haz como si todo estuviera bien".
"Masha", intentó hablar en voz baja, "entiendes, mamá está preocupada. No empeores las cosas. Dile que todo está bien, eso es todo".
Abrí la carpeta en silencio y dejé el extracto sobre la mesa.
"Toma. 'Dueña: María...'. Fecha: antes de nuestra boda. Donante: mis padres".
Miré fijamente a Andrey. "Ahora explícame por qué tu madre está tan segura de que esta es tu casa".
Andrey palideció.
Tamara Petrovna se inclinó sobre el papel y entrecerró los ojos.
"Es falso", soltó al instante, sin siquiera intentar comprender. "¡Lo dibujaste todo tú!".
"Mamá", tragó saliva Andrey, "no es falso...".
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