Andrey se abalanzó sobre el periódico:
"¿Por qué lees? Fue... fue emotivo..."
Lo miré a los ojos y de repente lo vi claro: no era un maníaco villano. Simplemente era débil. Un hombre débil que, por el elogio de su madre, está dispuesto a humillar a su esposa, y sin embargo, sinceramente se considera "bueno". "Andrey", dije en voz baja, "lo peor no es la ira. Lo peor es la cobardía disfrazada de amor".
Etapa 7: Mi solución: "Puedes ser esposo, pero no puedes ser amo".
Cerré la carpeta y dije, sin dejar margen de error:
"Te ofrezco dos opciones. Primero: te mudas con tu madre una semana, te tranquilizas, y luego vamos a un terapeuta familiar. No un 'hablemos de ello nosotros mismos', sino en serio, con un profesional. Y oficialmente, delante de ella, admites: el apartamento es mío, ella es una invitada, y no puedes hacerme eso".
Segundo: solicitamos el divorcio.
Andrey exhaló:
"¿Me estás chantajeando?"
"No", respondí. "Elijo una vida donde no me echen de mi propia casa".
Se quedó allí parado como si no creyera que hablaba en serio.
"Masha, pero ¿adónde iría...?"
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