Lo habían privado de lo más importante: el derecho a considerarse quien decía ser.
Etapa 5. Silencio tras un aplauso atronador.
Anna le devolvió el micrófono al presentador.
"Y con esto", dijo, "se acabó lo oficial para mí".
Se volvió hacia el personal, aquellos que la conocían como "la esposa del jefe", pero que ahora la veían de otra manera.
"Gracias a todos los que no me han dado la espalda durante todos estos años. No sé si seguiré al frente de la empresa o si encontraremos otro director. Esos son detalles. Lo importante es esto: aquí ya no hay lugar para la humillación. Ninguna. Ni por discapacidad, ni por puesto, ni por antecedentes".
El primer aplauso fue tímido: el de Lida, la contable. Luego se unió Piotr Gennadyevich. Luego, alguien más. Un minuto después, el público estaba de pie aplaudiendo.
Yuri permaneció inmóvil.
Cuando cesaron los aplausos, Anna, tras preguntarle a su asistente, salió al pasillo. El corazón le latía con fuerza, las manos le temblaban; solo ahora se le aflojaban.
Marina Pavlovna salió a recibirla.
"¿Estás segura de que hiciste lo correcto?", preguntó en voz baja.
"He guardado silencio demasiado tiempo", respondió Anna con cansancio. "Ya no se trata de proteger sus sentimientos. Es una cadena alrededor de mi cuello".
"Vendrá a pedir perdón", suspiró el médico.
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