"Ya has empezado, Yura", respondió con calma. "Seguiré".
Respiró hondo, como si fuera a saltar de un trampolín, y por primera vez esa noche, se permitió hablar no solo por él, sino también por sí misma.
Etapa 2. Cómo se "sacrificó"
"Mucha gente aquí sabe", dijo Anna, "que hace tres años tuvimos un accidente. Después, dejé de caminar".
Se tomó su tiempo, dejando que la gente se acostumbrara a su franqueza.
"Poca gente sabe", continuó, "que no fueron solo mis piernas las que se dañaron. En aquel entonces, en el hospital, los médicos dijeron que las posibilidades de que quedara embarazada eran mínimas. No cero, sino ínfimas".
Yuri se ajustó la chaqueta con nerviosismo. La historia que solía contar sonaba diferente: "Mi esposa quedó discapacitada, no habría hijos, pero yo, como un hombre decente, me quedé con ella".
"Yura se portó muy bien en aquel entonces", asintió Anna. "Todos decían que era un héroe. No la abandonó". "Se está sacrificando por...", rió entre dientes, "un 'vegetal en un cochecito', como luego se permitió decir en privado".
Varias personas en una mesa distante bajaron la mirada; era evidente que ya habían oído esas palabras.
"Me culpé durante mucho tiempo", dijo Anna con sinceridad. "Pensé que era joven y exitoso, y lo había atado a mí. Recé noche tras noche para que ocurriera un milagro y pudiéramos ser padres".
Volvió la mirada hacia Yuri.
"Yura, ¿recuerdas cómo fuimos a la clínica de fertilidad hace un año y medio?"
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