Mi marido me humilló en una fiesta por su amante embarazada, pero mi secreto lo hizo callar.

"Salí de la consulta", dijo Anna en voz baja, pero el micrófono captó claramente cada palabra, "y vi a mi marido. Estaba allí de pie, pálido como una pared, y me di cuenta de que lo había oído todo". Yuri esbozó una sonrisa forzada:

"No vas a probar nada..."

"Ni siquiera quería probar nada entonces", interrumpió con calma. "Hice lo que siempre hacía en nuestro matrimonio: asumí la culpa. Le dije al médico que no podía decirle la verdad, que no podría soportarlo. Le dije que el problema era mío, que era por mis heridas. Y lo creyó con alivio."

Alguien en la habitación susurró:

"¡Guau!"

Anna rebuscó en la bolsa que tenía en el regazo y sacó un sobre.

"Pero..."

Tomé los resultados. Y la conclusión. Los originales. Porque en el fondo, sabía: llegaría el día en que empezaría a tirar piedras.

Cogió la hoja de papel con los sellos. No se veía en las últimas filas, pero la letra pequeña, el nombre de la clínica y la línea en negrita "Diagnóstico" le parecieron un pesado ladrillo que acababa de colocar delante de él.

"Yura", dijo en voz baja, "este niño definitivamente es de otra persona. Pero no tuyo".

Etapa 3. "¡Estás mintiendo!"
Fue el primero en gritar.

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