Mi marido me sacó de su vida, pero regresé más fuerte.

Etapa 1: Frialdad en su mirada y la primera grieta en la "familia perfecta".
Alice se quedó en la puerta del baño mientras Arthur se enjuagaba la boca ruidosamente y fingía que no había pasado nada. Ella sostenía la ecografía en sus manos, como un pequeño billete a una nueva vida, mientras él la sostenía como si estuviera sosteniendo el problema de otra persona.

"Arthur...", intentó sonreír. "Ya oíste. Vamos a ser padres".

Salió, se secó la cara con una toalla y ni siquiera miró la ecografía.

"Ya oí", respondió secamente. "Simplemente no es el momento".

"¿Cuándo es el momento?", la voz de Alice tembló. "¿Cuánto tiempo hemos esperado? Tú mismo lo dijiste...".

"Dije lo que me convenía", la interrumpió. Y luego, como si se hubiera recuperado, añadió en voz más baja: "Oye, estoy cansado. Hagámoslo mañana".

Pasó de largo, dejando atrás el aroma a colonia cara y la sensación de que el apartamento había bajado dos grados.

Alice se sentó en el borde de la cama, aferrada a la foto, y por primera vez en su vida, un pensamiento vergonzoso la abrumó: "¿Quizás no es feliz... porque interfiere con sus planes?"

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