Mi marido me sacó de su vida, pero regresé más fuerte.

Y en ese momento, Arthur se dio cuenta: no había perdido dinero. Había perdido poder sobre ella.

Epílogo: "Su esposo no la invitó a la celebración, pero cuando vio con quién se presentó, no podía creer lo que veía."
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Mucha gente habló de esa noche más tarde, algunos en susurros, otros con envidia, otros con alegría. Hablaron del contrato, de la sociedad, de cómo Arthur había quedado mal ante toda la sala. Pero para Alisa, eso no era lo principal.

Lo principal era que ya no se sentía como una sombra. No pidió permiso para vivir según las palabras de otros. No le preguntó al pasado si podía ser feliz.

Al salir del hotel, el aire era fresco, como la primavera. Matvey se quitó la chaqueta y se la echó sobre los hombros, como quien no promete cuentos de hadas; simplemente se preocupa.

"Has aguantado", dijo en voz baja.

Alice miró la ciudad nocturna y de repente sonrió con sinceridad, con calma, sin emoción.

"No solo aguanté", respondió. "Volví en mí".

Y por primera vez en mucho tiempo, no parecía un sueño. Sino una realidad.

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