El hombre la agarró del codo, la sentó en una silla y le dio agua. Llevaba un reloj en la muñeca, no ostentoso, pero caro. Su mirada era atenta, sin su habitual frialdad crítica.
"Soy Matvey", dijo. "¿Médico? No. No lo soy. Pero sé cómo se ve un ataque de pánico y cómo se ve una mujer embarazada cuando está acorralada".
Alice se derrumbó y rompió a llorar; por primera vez, no por humillación, sino porque alguien le había dicho la verdad en voz alta.
"No puedo más", susurró.
"Lo harás", respondió Matvey con seguridad, como si ya la hubiera visto triunfar. "Pero no sola".
Dejó una tarjeta de visita. Sin presiones, sin un "no olvides llamar". Simplemente: "Si las cosas se ponen realmente difíciles, escribe".
Y esa noche, por primera vez en muchos días, Alice le escribió a alguien que no fuera su marido: "Lo estoy pasando muy mal".
Etapa 5: La conversación que rompe la cadena - "No tienes que aguantarlo"
Se encontraron en un pequeño café. Matvey no hizo preguntas directas. Escuchó. Y esto hizo que Alice dijera más de lo que había planeado.
"Él quiere que...", no pudo pronunciar la palabra.
Matvey asintió, sin inmutarse.
"Lo entiendo. ¿Y qué quieres?"
"Quedarme con el niño", dijo en voz baja. "Pero tengo miedo. Él... él sabe cómo presionarte tanto que empiezas a dudar de ti misma".
Matvey la miró largo rato, con calma.
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