"¿Crees que esto es una elección? Es una emoción. Pasará".
"No pasará", respondió ella. "He pedido el divorcio".
El silencio golpeó más fuerte que un grito.
Arthur se quedó paralizado y luego sonrió, con una dulzura peligrosa.
"No puedes. No tienes nada".
Y añadió en voz baja, casi con ternura:
"Y tú no irás a ninguna parte, Alice. Tienes... un hijo".
Quería que esta frase se convirtiera en su jaula.
Pero por primera vez, Alice pensó de otra manera: un hijo no es una cadena. Un hijo es una razón para escapar. Etapa 7: La pérdida que no mató, pero quemó el miedo hasta la médula
El estrés, las noches de insomnio y las constantes amenazas de "te lo quitaré todo" le pasaron factura. Alice fue llevada al hospital con un dolor agudo, y en el pasillo, bajo las luces blancas, comprendió incluso antes de que el médico hablara.
Matvey llegó primero. Se sentó a su lado sin pedirle permiso y simplemente le tomó la mano.
"Lo siento", susurró Alice, como si fuera la culpable ante todo el mundo.
"No es tu culpa", dijo Matvey con firmeza. "Nunca digas eso".
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