Perdió a su hijo. Perdió su sueño. Y con él, perdió su última voluntad de "mantener a la familia unida a cualquier precio".
Cuando Arthur llegó esa noche, parecía irritado, no afligido.
"Espero que ahora lo entiendas", dijo en voz baja. "Fue una señal. No necesitamos complicar las cosas". Alice lo miró y vio: él no amaba a su hijo. Le encantaba la idea de una esposa cómoda.
"Vete", dijo. "Y no vuelvas a mí como si fueras una propiedad".
Era el final de una vida. Y el comienzo de otra.
Etapa 8: Regreso al presente: un vestido, una luz y una mano que no me suelta.
Y ahora: la tarde, un espejo, el suave resplandor de las lámparas. Alice se miró y no vio a la "mujer abandonada". Vio a una persona que había caminado por el vacío y no había desaparecido.
Matvey se ajustó el pendiente.
"Hoy será duro", admitió. "Pero puedes con ello".
"¿Y si me derrumbo?", susurró Alice.
"Entonces estaré allí", respondió Matvey simplemente. No para salvarte. Para apoyarte.
El coche se detuvo en el hotel donde Arthur celebraba su "año de empresa", una celebración a la que no había invitado a Alisa, como si la hubiera borrado de su biografía. Quería salir con Vera, la de las cartas, la de la hermosa sonrisa y el derecho a estar a su lado.
Alice tomó el brazo de Matvey.
"Vamos", dijo. "Es hora".
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